29 de septiembre de 2017

Mujeres que son aves - Carlos Córtez

NO LA ENAMORES



No seas culero y no la enamores
no si sólo quieres sexo
que nada pierdes con preguntar
que a ellas también les gusta coger
darse a alguien sin sentimientos de por medio
no seas mamón y ahórrate la labia
las llamadas en plena madrugada
y los ramos de flores
y tus putas idas al cine
y tus promesas a futuro
no seas culero y aléjate
o dile lo que quieres
chance y ella también te trae ganas
pero no seas así
que eso no se hace
eso es vil
es bajo
se debe ser muy poco hombre
para enamorar una mujer
que sólo te quieres coger
porque no sabes cabrón
no sabes lo pinche feo que es
hacerle el amor a una persona
que solamente te está cogiendo
y ella quiere que la mires a los ojos
que le tomes de la cintura
y le llames amor o cariño o preciosa
pero no dices nada por cobarde
y ella no se viene y te preguntas por qué
¿te has puesto a pensar
qué se siente hacerle el amor a alguien como tú?
es como cogerse un cadáver
y se sienten usadas
sentimentalmente estafadas
porque pusieron parte de su corazón
y tú sólo pusiste el cuerpo y un par de mentiras
pero a ti te vale madre
sólo piensas en ti
en tu placer y satisfacción
no seas culero y no la enamores
no le hables de eternidades
a quién sólo quieres para ratos
no uses la palabra en vano
ya suficiente me ha costado
que vuelvan a creer en la poesía
luego la llevamos nosotros
los hombres buenos
los que se aferran fuerte a sus palabras
y aún decimos que vale la pena
luchar por una mujer
que toda su vida
se ha encontrado con puro pinche pendejo.






19 de junio de 2013

Romance Sonámbulo

Verde que te quiero verde. 
Verde viento. Verdes ramas. 
El barco sobre la mar 
y el caballo en la montaña. 
Con la sombra en la cintura 
ella sueña en su baranda 
verde carne, pelo verde, 
con ojos de fría plata. 
Verde que te quiero verde. 
Bajo la luna gitana, 
las cosas la están mirando 
y ella no puede mirarlas. 
Verde que te quiero verde. 
Grandes estrellas de escarcha, 
vienen con el pez de sombra 
que abre el camino del alba. 
La higuera frota su viento 
con la lija de sus ramas, 
y el monte, gato garduño, 
eriza sus pitas agrias. 
¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde...? 
Ella sigue en su baranda, 
verde carne, pelo verde, 
soñando en la mar amarga. 
Compadre, quiero cambiar 
mi caballo por su casa, 
mi montura por su espejo, 
mi cuchillo por su manta.

Compadre, vengo sangrando 
desde los puertos de Cabra. 
Si yo pudiera, mocito, 
este trato se cerraba. 
Pero yo ya no soy yo, 
ni mi casa es ya mi casa. 
Compadre, quiero morir 
decentemente en mi cama. 
De acero, si puede ser, 
con las sábanas de holanda. 
¿ No veis la herida que tengo 
desde el pecho a la garganta? 
Trescientas rosas morenas 
lleva tu pechera blanca. 
Tu sangre rezuma y huele 
alrededor de tu faja. 
Pero yo ya no soy yo. 
Ni mi casa es ya mi casa. 
Dejadme subir al menos 
hasta las altas barandas, 
¡Dejadme subir!, dejadme 
hasta las altas barandas. 
Barandales de la luna 
por donde retumba el agua. 
Ya suben los dos compadres 
hacia las altas barandas. 
Dejando un rastro de sangre. 
Dejando un rastro de lágrimas. 
Temblaban en los tejados 
farolillos de hojalata. 
Mil panderos de cristal, 

herían la madrugada.


Verde que te quiero verde, 
verde viento, verdes ramas. 
Los dos compadres subieron. 
El largo viento dejaba 
en la boca un raro gusto 
de hiel, de menta y de albahaca. 
¡Compadre! ¿Dónde está, dime? 
¿Dónde está tu niña amarga? 
¡Cuántas veces te esperó! 
¡Cuántas veces te esperara, cara fresca, negro pelo, 
en esta verde baranda! 
Sobre el rostro del aljibe, 
se mecía la gitana. 
Verde carne, pelo verde, 
con ojos de fría plata. 
Un carámbano de luna 
la sostiene sobre el agua. 
La noche se puso íntima 
como una pequeña plaza. 
Guardias civiles borrachos 

en la puerta golpeaban.

Verde que te quiero verde. 
Verde viento. Verdes ramas. 
El barco sobre la mar. 

Y el caballo en la montaña.

Federico García Lorca



26 de marzo de 2013

Poema del Ruiseñor



Desde la rama del ciprés dormido
el dulce ruiseñor canta a la luna
y la invita a bajar hasta su nido...
Ya ves qué casto amor tan sin fortuna...
Y eso que el ruiseñor, en su descuido
puede llegar volando hasta la luna.


Envuelto entre la luz embrujadora
da al viento el ruiseñor, todas las galas
que en su garganta mágica atesora;
y la Luna se vuelve toda escalas
de seda y luz...(La luna dizque ignora
que su dulce cantor tiene dos alas...)


Calla el agua en los claros surtidores
se aduermen los arroyos cristalinos
y se despiertan a escuchar las flores...
Astro y pájaro, a un tiempo, están divinos...
Y ella baja hasta él vuelta fulgores,
y él asciende hasta ella vuelto trinos...


Lleno de sombra y de quietud, como una
pupila abierta al cielo indiferente,
un retazo perdido de laguna
sueña en la fronda del jardín... Presiente
la pálida belleza de la luna
aquel espejo claro y transparente.

El ruiseñor solloza dolorido
envuelto entre la luz embrujadora
cuando calla de pronto, sorprendido,
porque desde la rama en donde llora
advierte que la luna se ha caído
y flota sobre el agua onduladora.


Calla el agua en los claros surtidores,
se aduermen los arroyos cristalinos
y se despiertan a escuchar las flores...
Luna y pájaro, a un tiempo, están divinos...
Y ella asciende hasta él vuelta fulgores,
y él desciende hasta ella vuelto trinos.

El pájaro suplica, impreca y canta
mientras se multiplica a maravilla
la flauta de su eglógica garganta...
Y salta alegre al ver cómo se humilla
la Luna que corriendo tras su planta
se viene sobre el agua hasta la orilla...

Ante el dulce deliquio que le miente
la luna, riendo del cristal del lago,
loco de amor el ruiseñor se siente,
y respondiendo al amoroso halago,
hunde el pico en el agua transparente
y se bebe la luna trago a trago.


Ricardo Miró


23 de marzo de 2013

Mientras ellos ululan

Durante algún tiempo, me dedique a solo escuchar
los sonidos que me rodean, mientras mi boca calla
y mis pensamientos divagan, ellos complementan
el inconcluso de una melodía.

Es un sonido que tranquiliza los sentidos,
un canto que pocos logran comprender,
pero son las únicas notas
que quiero oír cuando no estás.

Es como un susurro
que penetra poco a poco
y llega a lo profundo de mi alma,
calmando las ansias de tu ausencia.

Pasa el tiempo y ellos siguen ahí
ocultos entre la oscuridad y las hojas de los árboles
apenas veo sus ojos brillantes, pero sé que ahí están
cuando ululan a la noche y a la luna.


1 de febrero de 2013

La leyenda del Conejo de la Luna

Una antigua leyenda maya intenta explicar el porqué de esa forma animal que se adivina de noche si miramos hacia el astro nocturno. Las sombras de los cráteres en la escarpada superficie lunar, según los precolombinos, simulan un conejo en movimiento, saltando.
La vieja leyenda dice:
Quetzalcóatl, el dios grande y bueno, se fue a viajar una vez por el mundo en figura de hombre. Como había caminado todo un día, a la caída de la tarde se sintió fatigado y con hambre. Pero todavía siguió caminando, hasta que las estrellas comenzaron a brillar y la luna se asomó a la ventana de los cielos. Entonces se sentó a la orilla del camino, y estaba allí descansando, cuando vio a un conejito que había salido a cenar.


-¿Qué estás comiendo?, -le preguntó.
-Estoy comiendo zacate. ¿Quieres un poco?
-Gracias, pero yo no como zacate.
-¿Qué vas a hacer entonces?
-Morirme tal vez de hambre y sed.
El conejito se acercó a Quetzalcóatl y le dijo:
-Mira, yo no soy más que un conejito, pero si tienes hambre, cómeme, estoy aquí.
Entonces el dios acarició al conejito y le dijo:
- Tú no serás más que un conejito, pero todo el mundo, para siempre, se ha de acordar de ti.
Y lo levantó alto, muy alto, hasta la luna, donde quedó estampada la figura del conejo. Después el dios lo bajó a la tierra y le dijo:
-Ahí tienes tu retrato en luz, para todos los hombres y para todos los tiempos. 




22 de enero de 2013

Tres Puntos

Y dijo que nada de enamorarse
él acepto, sin saber que en poco
esa alegría de verla a diario
se volvería en su obsesión.

Trató de mil maneras de llamar su atención
ella solo reía y  callaba
sabía cuales eran sus intenciones
pero no daría su brazo a torcer.

Formar parte de una lista, no era su fin
ella quería ser la única, y aguardó
a que pasara el tiempo
y él se aburriera de sus juegos.

Por un tiempo se separaron,
ellos cambiaron y comprendieron
que esta historia se quedaría
plasmada en tres puntos...

3 de enero de 2013

Silencio

Mientras en mi mente se libren guerras
mis labios no expresan ni un suspiro,
puede que sienta estallar la cabeza,
pero prefiero mantener a raya lo que siento.

Quise una vez decirte la razón de mi silencio
revelar el camino del laberinto,
permitir que llegarás a la salida
y por fin descubrieras lo que tanto he ocultado.

A tiempo entendí que no querías entenderme
solo buscabas la forma de dañarme,
y de la misma manera en que llegue a tu vida
así me fui alejando, hasta ya no verte.